
¿Curva en arco o picando? ¿Paso largo o corto? ¿Hachote acompañando al pie izquierdo o al pie derecho? ¿Varas delante o detrás del tercio…? El simple hecho de plantear estas cuestiones hace que las procesiones de Cartagena sean únicas. Discusiones sobre detalles que pueden dejar boquiabierto al cofrade de fuera y que, sin embargo, son el pan nuestro de cada día de los procesionistas.
El desfile es lo que hace únicas las procesiones de Cartagena. Flor y luz en mayor o menor medida hay en muchas procesiones de otros lugares, pero orden… orden lo que se dice orden hay que ver las procesiones cartageneras para saber lo que es, y ese orden tenemos que cuidarlo y mimarlo. Da igual si un tercio gira en arco o pica en el lugar del giro; lo mismo da acompañar el hachote con el pie derecho o el pie izquierdo; no importa si se lleva paso largo o corto:son características propias de cada tercio que, lógicamente, tienen sus defensores y detractores (normalmente esos defensores pertenecen a tercios que lo hacen de la misma manera y los detractores a tercios que lo hace de forma distinta).
Al margen de estas diferencias sí que hay unos elementos técnicos comunes, que unas agrupaciones miman al detalle y otras no tanto. Lo verdaderamente importante es que el tercio sepa siempre y en todo momento lo que tiene que hacer y cómo hacerlo. Que los capirotes tengan la formación suficiente para no dejar el tercio cojo si se opta por curva en arco, ni que haya apelotonamiento en la curva corta si se opta por hacerla picando. Se trata que los varas sean lo más discretos posible: salvo imperiosa necesidad, no se entiende la figura de un vara desplazándose velozmente por el tercio capa al viento cual superhéroe de cómic. Los varas, al igual que los sudaristas, deben transmitir seguridad y serenidad al tercio y no desconcertar a los capirotes (sobre todo a los más jóvenes) con correntillas de aquí para allá
Para algunas agrupaciones el desfile del tercio es algo absolutamente fundamental, y otras tienen unas prioridades distintas, como conformar un grupo de portapasos veteranos y dar cabida a los más jóvenes e inexpertos en el tercio. Pero estos últimos nunca deberían olvidar que estamos en Cartagena, que los tronos han pasado de los hombros a las ruedas y de las ruedas de nuevo a los hombros, pero lo que no ha variado, desde que las procesiones se configuraron como hoy las entendemos, es el orden de los capirotes.
No todos los tercios pueden desfilar al mismo nivel, eso sería absurdo siquiera plantearlo, pero sí que deben intentar superarse año a año. Un tercio debe cuidar todos los aspectos del desfile. No siempre saldrá bien, pero que no sea por no haberlo intentado y por no haber puesto los medios. No debe bastarnos llevar el paso durante la procesión; mantener el paso y llevar el hachote al compás puede parecer algo realmente difícil para el foráneo, pero somos de Cartagena y para nosotros, la verdad, eso está chupado.
Manuel Maturana Cremades.